miércoles, noviembre 24, 2004

Celebremos con Esperanza, el Adviento con la Virgen de Guadalupe

Nuestra Señora de Guadalupe

Una Reflexión Sobre Nuestra Señora de Guadalupe – La Evangelizadora de las Américas

Por Lupita Vital

En esta breve reflexión me gustaría compartir algunas ideas esenciales sobre este acontecimiento profundo desde sus raíces en el siglo dieciséis hasta nuestra época contemporánea en nuestra Diócesis de San Jose. Nos llama la atención a todos los fieles, mexicanos, méxico-americanos, latinos, y norteamericanos:

  • Que en el mensaje de la Virgen de Guadalupe encontramos de nuevo la Palabra de Dios que rompe con la guerra y la violencia y nos invita a una esperanza nueva.
  • Que el documento más antiguo de las narraciones es el Nican Mopohua y que nos recuerda que nuestra celebración está basada en nuestra historia común.
  • Que la Virgen de Guadalupe llamaba a Juan Diego (ahora San Juan Diego) como su ministro y mensajero para llevar la Buena Nueva a los más pobres y desamparados.
  • Que la Virgen de Guadalupe anunció su mensaje no sólo para el Pueblo Mexicano, sino para todos los fieles de las Américas, porque ella es una mediadora para la paz, la misericordia, y la justicia.

La Virgen de Guadalupe fue una respuesta a la situación de guerra y de opresión que vivían los mexicanos después de la conquista: “Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa Madre.” (Nican Mopohua) Este evento constituye un signo mayor de Vida y Luz, tanto para los mexicanos y para todo los pueblos de las Américas. Esta mujer se presenta con las mejores cualidades humanas y con gran compasión durante una época de conflicto y de guerra. Frente a la situación que el pueblo padece, les ofrece luz, esperanza, y paz. Además, les brinda una alternativa a la miseria que sufren invitando a transformar su dolor y sufrimiento mediante la edificación de un nuevo “templo.” Esto quiere decir el re-edificar una iglesia nueva en las Américas donde todos sean bienvenidos y tratados igual sin diferencias de raza ni color de la piel. Su mensaje y actitud comunica al pueblo un profundo sentido de la propia dignidad humana.

rosas

Vemos que la verdad de la historia del Tepeyac fue expresada por un lenguaje simbólico, según el Nican Mopohua, de Flor y Canto. El indio San Juan Diego encuentra en el cerro a la Mujer del Tepeyac cuando escucha la música. Todo el relato está impregnado de imágenes entre rosas, plantas, y hierbas. Tales imágenes confluyeron de inmediato con el lenguaje y visión del mundo indígena, que entendían cualquier evento situado en el código de “flor y canto” como algo que debía ser de suma importancia. Los indígenas entendían que la revelación de la verdad, y lo que se refiere a la divinidad, solamente pueden ser expresados con este lenguaje de “música y poesía.” En este contexto, el indígena San Juan Diego fue escogido por Ella. San Juan Diego es el prototipo o el primer Cristiano de todo el pueblo porque aparece en el relato como el que está aprendiendo la fe cristiana y puede decirse que representa al primer cristiano de las Américas. Por medio de San Juan Diego, el pueblo indígena de aquel tiempo, y en la actualidad el pueblo mexicano escucha y sigue aprendiendo sobre el mensaje del cristianismo comunicado por la Mujer del Tepeyac:

Señora y Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan y nos enseñan nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Señor. (Nican Mopohua)

Ella revela que es la Virgen Maria, Madre del Dios de la Vida, del Dios Creador. Toda la narración es una catequesis, una revelación proclamada y llevada a cabo mediante el lenguaje espiritual y simbólico de los indígenas. San Juan Diego acepta el llamado de proclamar el mensaje de evangelización desde el Tepeyac, el Sinaí de las Américas.

Noticias:
Te invitamos a celebrar las fiestas de la Virgen de Guadalupe en la Diócesis de San José, CA.

10 de diciembre – Peregrinación desde las diferentes parroquias de la diócesis hacia la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Este evento es una tradición importante que nos une como testigos de fe, en tierra extranjera. Por lo tanto al caminar por las calles de la ciudad indicamos a las generaciones de ahora y las futuras el camino de peregrinaje hacia la patria celestial.